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FIESTAS TRADICIONALES DE FEBRERO

Del mismo modo que la Iglesia en la Liturgia y el Estado en lo cívico, el pueblo católico tiene un calendario bien estructurado de celebraciones, el calendario de las celebraciones de la religiosidad popular. Unas de éstas generalizadas a una región o país y otras completamente locales. Ejemplo de las primeras, entre nosotros, es, el primero de enero, la bendición de las velas y veladoras de la Divina Providencia y, de las segundas, las Fiestas de Febrero a Nuestra Señora de El Pueblito, que, con una duración de domingo a domingo, inician el domingo anterior a Carnaval y terminan ocho días después.

De hecho, esta última celebración es de nueve días, pues a los ocho días citados se une el sábado anterior, día del ensayo real de las Danzas de promesa y de la Danza de Inditos e Inditas, de enrosadera de los templos de la población, de la Capilla de la Santa Cruz de Justicia y de las ermitas, así como del "primer Rosario". Además Alba, velación y mañanitas. Es, realmente, un novenario en honor de la Santísima Virgen en su advocación de El Pueblito. Son nueve días dedicados a venerar a la Virgen María en su título de El Pueblito, no con el fin de prepararse espiritualmente para una celebración mariana, como es en otros casos, sino para celebrar un acontecimiento, que en el presente caso parece ser el traslado de la Venerable Imagen de la segunda ermita, la que se encuentra en el expanteón municipal, a su actual Santuario, el 5 de febrero de 1736.

Esta celebración es del pueblo católico local, entendiendo por tal al grupo que dentro de la colectividad de los habitantes de El Pueblito mantiene una especial relación étnico-cultural y es sensible a ella. Como tal tiene su propio saber (FOLK-LORE), su propia cultura (territorio, signos, instituciones, costumbres, creencias...J, es un pueblo, no una masa, no un conglomerado o multitud, sino una entidad real y organizada, con espíritu, con conciencia propia, con identidad.

Los elementos religiosos y devocionales presentes en ella, los elementos que. convierten a esa celebración en celebración de piedad popular son: la Venerable Imagen de la Virgen María en su advocación de El Pueblito, los dos templos locales (la Parroquia y el Santuario) la capilla de la Santa Cruz de Justicia, las ermitas del expanteón. Santa Bárbara y La Negreta, las enrosaderas, ofrendas de flores, y arreglo de las mismas, las velaciones, tiempo de la noche pasada en oración y canto de alabanza a Dios y veneración a la Virgen María, las danzas, las bendiciones de autos, parandas y del "buey" o animal bovino que servirá para el platillo de la comida comunitaria del día lunes, las procesiones de la entrada de cera y de los traslados de la Venerable Imagen de los naturales, por último, los Rosarios.


El sentido de la fiesta

Al estar celebrando la fiesta más antigua en honor de Santa María de El Pueblito, la fiesta de febrero, conocida como Fiestas tradicionales del pueblo, cabe hacer una reflexión sobre el sentido propio que tiene la fiesta, sobre todo en el campo de lo sagrado, como se trata en este caso.

Al hablar de la Fiesta, nos encontramos en el ámbito de aquellas manifestaciones que no son fáciles de distinción, en particular entre lo que es fiesta y rito, entendiendo por rito acciones compuestas por palabras, gestos y movimientos repetitivos, todo ello bajo un orden pre-establecido que va marcando el ritmo y la ejecución de ciertas acciones. Entendemos por rito por citar un ejemplo, la celebración de la santa Misa, y cada uno de los sacramentos.

Indudablemente podemos decir que la fiesta es un rito, o un conjunto de ritos, al punto que muchos confunden o identifican uno con el otro. Pero si la fiesta es un rito, no todo rito es fiesta.

Ahora bien, para entender mejor este fenómeno de lo que es la fiesta, partamos del sentido mismo del significado etimológico del término fiesta. Las palabras latinas «festum, festa, festivitas» se suman a otras como «celebratio» y «sollemnítas» para indicar los días en que rompemos la monotonía de lo ordinario y celebramos algún acontecimiento con alegría, descanso y distensión.

Todos los pueblos tienen en su calendario días de fiesta con carácter no sólo social sino también cúltico.

A continuación presentamos dos características que especifican la fiesta:

a) Ante todo la fiesta es un rito que reguarda y envuelve la entera colectividad, sin importar clases sociales, raza o cultura, mientras que hay ritos que pueden ser limitados al individuo o a la familia, como los ritos de iniciación del adolescente, como el matrimonio, la celebración de los XV años de íasjóvenes, etc.

b) Un rito puede también ser ocasional (como la captura de una presa o el rito de las primicias); la fiesta en cambio se caracteriza por una cierta relación con el tiempo, y precisamente por su aspecto de periodicidad, y de interrupción regular del tiempo. El tiempo se convierte en "calendario" propio porque está ritmado por las fiestas. La fiesta llena y al mismo tiempo cambia de contenido pleno al tiempo. Quién no ha llegado a captar lo que significa la carga de una vida atada a un compromiso diario, un horario rígido para entrar a la fábrica o al taller, a la obra, a la escuela, a la oficina, a la tienda, a lo que sea.

Por todo lo anterior la fiesta es el momento de la regeneración del tiempo y del mundo o la regeneración del mundo a través de la ruptura formal del tiempo. La fiesta ofrece al hombre, a la comunidad, el marco adecuado para expresar sus expectati­vas de futuro mediante el canto, la danza, el lenguaje, los gestos del cuerpo, etcétera.

En este aspecto contamos con la visión de Mircea Eliade, estudioso rumano, que vivió por muchos años en Estados Unidos de Norte América y muerto en 1986. Eliade fue un estudio­so de los fenómenos culturales, él profundiza sobre este fenómeno de la fiesta, hasta el punto de introducirnos a ver con los ojos aquello que veían los que celebraban, los que festejaban. Hay una observación muy interesante de otro estudioso Furio Jesi, muerto también, quien dice: la fiesta consiste en un ver con implicación; nosotros no vemos más; nosotros vemos aquello que ven, más no podemos hablar más de la fiesta porque no vemos más.

Eliade dice que la vida del hombre en su profanidad, en la concatenación de sus acciones que tienden a la produc­ción y a la reproducción, como tal no esta provista de significado. Trabajar para alimentarse y alimentarse para volver a trabajar. En cambio el hombre tiene dentro de sí una sed de sentido, una necesidad de ser. El hombre tiene sed de ser, no sólo de existir y de hacer. Lo sagrado es lo que tiene este sentido; es el espacio/tiempo del sentido, no constituido de una vez y por todas, sino que se rehace y se mantiene a través de un proceso temporal. Por lo tanto la fiesta es la re-inmersión periódica de la existencia del hombre en este lavado de vitalidad que es lo sagrado, es decir las acciones y los eventos que son acaecidos en los inicios de los tiempos, la historia de los dioses o héroes primordiales que han dado origen al orden del mundo.

Después, una vez que ha salido de este momento-y regresa a la vida ordinaria, de rutina, permanece como absorto y penetrado de lo sagrado; pero es como una batería que poco a poco se descarga, por lo que al final del año, es necesario la repetición de esta inmersión, y es así que volvemos a celebrar por medio de la fiesta aquel suceso que forma parte integrante de nuestro ser y quehacer.

Concluimos esta reflexión subrayan­do la importancia que toda fiesta tiene para el hombre, sin embargo cuando se trata de una fiesta religiosa, es decir, que mira a lo sagrado, la fiesta se convierte en un medio a través del cual al hombre se le devuelve su integridad humana, y le permite reconocer su propio puesto en la historia, recordan­do el pasado, proyectando el futuro y llenando de sentido el presente, afirmando la bondad radical de las cosas y reconociendo la soberanía de Dios.
 

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